22 de mayo de 2017

Cuba y Venezuela: un caso de clonación política

Cuba y Venezuela: un caso de clonación política
Cada vez se parece más una dictadura a la otra
Viernes, mayo 12, 2017 | Alberto Roteta Dorado

NAPLES, Estados Unidos.- Mientras se incrementa el número de víctimas en
medio de las acciones de protesta del pueblo venezolano, su actual
presidente, el dictador Nicolás Maduro, acude a los recursos más
insólitos y despiadados por lograr una prolongación en el poder, y desde
La Habana, Raúl Castro le apoya incondicionalmente a pesar de que la
mayoría de los países de Latinoamérica se han pronunciado en su contra,
y a favor de la oposición y de su pueblo.

Se dice que no es bueno hacer comparaciones, pero también se defiende la
idea de que comparar es inevitable, de ahí que en nuestros días se está
retomando muy en serio la analogía, que no es más que comparar, algo que
aplicado al terreno social y político resulta de gran ayuda para temas
de investigación dentro de la psicología política.

Hay un grupo de similitudes entre Cuba y Venezuela, cuyos gobernantes
impusieron formas socialistas como modelo social y económico para sus
gobiernos. Resultaría interminable referirnos a todas, por lo que solo
me limitaré a algunas semejanzas que se destacan sobremanera.

Recién comenzaba la revolución cubana, y de un modo muy sutil, aunque
premeditado alevosamente ―aprovechando ciertas circunstancias dentro del
contexto social y político de una nación que empezaba a transformarse
por doquier―, Fidel Castro proclamaba su carácter socialista ante una
multitud plena de euforia, a la que el malvado hombre se encargó de
encender los ánimos hasta casi llegar a un desenfrenado paroxismo.

El 16 de abril de 1961, en un sitio poco habitual ―la esquina de 23 y 12
en las cercanías del cementerio de Colón, en la capital cubana― y en
medio de la incertidumbre que dejaban los ataques que precedieron a la
invasión a Playa Girón, Fidel Castro, al final del kilométrico discurso
que pronunció por los sucesos ocurridos, decidió introducir ciertos
conceptos que se aproximaban a los cánones establecidos por el comunismo
de los soviets.

Una vez que había electrizado con su maléfico magnetismo a aquellos
hombres de pueblo, devenidos en ejército de milicianos, dijo de manera
categórica: "Esta es la revolución socialista y democrática de los
humildes, con los humildes y para los humildes", y concluía con un
enérgico: "Viva la revolución socialista".

De manera similar, Hugo Chávez ―quien fuera "educado" en el arte de
engañar a través de una exaltada oratoria que acaricia el oído de sus
admiradores y conmueve los corazones de sus seguidores― el 30 de enero
de 2005, durante su intervención en el V Foro Social Mundial, se refiere
por primera vez al socialismo del siglo XXI como modelo a seguir en el
proceso transformador que recién había comenzado en la patria de Bolívar.

Ambos dictadores utilizaron la imagen intachable de los más genuinos
hombres de sus respectivas naciones, José Martí y Simón Bolívar,
considerados por cubanos y venezolanos hombres semidivinos, teniendo en
cuenta no solo el liderazgo y la participación determinante en el logro
de la independencia de ambas naciones; sino por sus inspiradoras vidas.

Castro relacionó a José Martí con los sucesos del Moncada, y lo invocó
durante su autodefensa en el juicio de la fracasada acción. Chávez
asumió la figura de Bolívar como escudo permanente para sus fechorías
durante su mandato, y pretendió que se le viera como un continuador de
las ideas independentistas y emancipadoras del extraordinario héroe que
no solo libró a Venezuela, sino a varias de las naciones de Suramérica,
del colonialismo español.

Los métodos expansionistas utilizados por los gobernantes de ambas
naciones también constituyen una de las grandes similitudes. Se sabe que
el gobierno comunista de la isla fue responsable del entrenamiento de
guerrillas en diversas partes de América, de la exportación masiva de
hombres hacia las guerras de países del continente africano,
destacándose en este sentido la intervención en Argelia en 1963, la
participación de tropas cubanas infiltradas desde Tanzania durante la
crisis del Congo entre 1964-1965, así como la histórica ayuda a Angola
desde 1975 hasta 1991, sobresaliendo su participación en la llamada
operación Carlota, la guerra civil angolana y la de la frontera de
Sudáfrica, lo que justificaron bajo el ropaje del "internacionalismo
proletario" para enmascarar su intervención en los asuntos internos y en
la soberanía de varios países.

Por su parte el desaparecido mandatario venezolano pretendió ―y hasta
tuvo inicialmente aceptación en la región― expandir el engendro del
socialismo del siglo XXI por toda Latinoamérica. Países como Brasil,
Chile, Argentina, Nicaragua, Bolivia y Ecuador, le siguieron, aunque con
formas adaptadas a sus contextos nacionales, y sin el extremismo
excesivo de Cuba y Venezuela. Por suerte para la humanidad, hoy solo
perduran como remanente del mal, Bolivia, Nicaragua y Ecuador, además de
las analizadas Cuba y Venezuela.

Los serios conflictos que ambos países han causado en la Organización de
Estados Americanos, OEA, también "hermanan" a Cuba y Venezuela. Cuba fue
expulsada de la OEA en 1962, lo que quedó sin efecto en el trigésimo
noveno período ordinario de sesiones de la Asamblea General, realizada
en el 2009 en Honduras. No obstante, el régimen se ha mantenido al
margen de dicha entidad.

Desde finales de mayo de 2016, el secretario general de la OEA, Luis
Almagro, se pronunció para activar la Carta Democrática de este
organismo para el caso de Venezuela, lo que tuvo su causa a partir de
las violaciones del orden constitucional y democrático, algo que no se
logró como se esperaba por la indecisión y neutralidad que asumieron
varias naciones, y lo dilatado del proceso. Venezuela acaba de iniciar
sus trámites de renuncia para apartarse por completo de este organismo,
con lo que quedaría excluida al igual que Cuba.

Ambas naciones han quedado aisladas del resto del mundo, manteniendo
vínculos solo con algunos gobiernos totalitaristas y de marcada
proyección armamentista. Los vínculos de Cuba con China, Corea del
Norte, Irán y Rusia, entre otros, demuestran que jamás debió haber sido
retirada de la lista de países patrocinadores del terrorismo. Venezuela
quedó sumida en el silencio en este momento crucial de su historia. Solo
ha recibido la aprobación de Nicaragua, Ecuador, Bolivia, y como era de
esperar de Cuba, cuyo gobierno es su eterno aliado. Se conoce de las
sanciones que el gobierno de Estados Unidos ha aplicado a este país, a
quien considera una amenaza.

Las economías de ambos países han colapsado. Cuba sobrevivió por más de
tres décadas gracias a la ayuda del campo socialista. Luego del derrumbe
de la URSS, y del bloque comunista europeo, Cuba cayó en el abismo. Un
prolongado Período Especial ocasionó en cientos de cubanos graves
trastornos nutricionales como carencias vitamínicas, desnutrición, baja
talla, polineuropatía periférica y óptica. Venezuela pasó a ser una de
las naciones más pobres del continente, con elevados índices de
desempleo, pobreza extrema, desnutrición, y un nivel de inflación más
allá de lo concebible.

Pero no todo resulta similar. Mientras el pueblo venezolano está en las
calles dando muestras de rebeldía y heroísmo, el pueblo cubano permanece
en la pasividad que lo ha caracterizado ―con las conocidas excepciones
de Damas de Blanco y UNPACU, y algún que otro líder de manera
individual―, y hasta sigue mostrando lealtad y sumisión a un régimen que
les quitó todo, incluida la posibilidad de pensar. Así lo han demostrado
recientemente en el desfile del primero de mayo, y antes, durante los
funerales del dictador Fidel Castro.

De cualquier modo hay muchas más semejanzas que diferencias como para
poder afirmar que en Cuba y Venezuela se cumple casi por completo la
conocida idea del original y la copia, o como dirían de una forma más
actualizada: una clonación.

Source: Cuba y Venezuela: un caso de clonación política CubanetCubanet -
https://www.cubanet.org/colaboradores/cuba-y-venezuela-un-caso-de-clonacion-politica/

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